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Columnistas

Reflexiones Acerca del Encuentro de Cusco

Por: Urpi Valer

Cientos de años de colonization nos han dividido. Solo en Canada, hay “Indios ”, “ Indios sin estatuto ”, “ Mestizo ” “ Inuit ”, “ Primeras Naciones ” Y, pese a que no podemos entrar de acuerdo sobre lo que significa ser Indígena, es un paso en la correcta dirección, ya que si estamos hablando de eso estamos también tocando el tema de lo que nos divide. Y si hablamos entre nosotros quizás nuestra voz adquiriría más fuerza en el resto del mundo, y si tenemos voz más fuerte quién sabe todo lo que podría pasar. Porque las palabras, después de todo, tienen poder.  En palabras escritas por Neal Mcleod en su libro Coming Home Through Stories:

“Las palabras son como flechas y pueden ser lanzadas a los portavoces del poder colonial. Las Palabraflechas[1] tienen el poder de trasformación y pueden ayudar a los Pueblos Originarios volver al hogar. Las Palabraflechas pueden ayudarnos a establecer un nuevo espacio de discusión. Cada vez que se cuenta una historia, cada vez que se pronuncia una palabra de un idioma Originario, estamos resistiendo la destrucción de nuestra memoria colectiva. ” [2]

Con esta idea de palabraflechas llegué al Primer Encuentro de Pueblos Indigenas en Cusco, Perú. Cuando primero escuché lo del encuentro, lo he imaginado como la encarnación física y concreta de este “ nuevo espacio de discusión. ”

Pero -me estoy adelantando- tengo que empezar la historia mucho antes del Encuentro, ya fue antes que me dí cuenta que tenía mi propia palabraflecha -que me fué dado por mi padre.

Mi nombre, Urpi, que significa “ paloma ” en idioma Qhishwa, ha sido un recuerdo de mi legado originario, que en varios puntos de mi vida ha sido fuente de misterio, verguenza y orgullo. Mi nombre era un misterio porque, creciendo en Canadá, casi no sabía nada de lo que significa ser Quishwa, lo único que sabía es que no era Español. Era como una vergüenza porque era extraño…ninguno de mis amigos se llamaba Urpi. Ultimamente se ha trasformado en una fuente de orgullo. Empezé a darle al poder de mi nombre a través de las personas que encontré mientras estaba trabajando recaudando fondos para el Encuentro.

Encontré a una de esas personas, Ivan Ignacio, en un congreso del CUPE (Sindicato Canadiense de Empleados Públicos). Ivan es un hombre Aymara de Bolivia quién participaba en el Congreso para hablar de las luchas de los pueblos Originarios de América del Sud y de las similitudes compartidas por los pueblos indígenas de todo el mundo. También ayudó a promocionar en Encuentro en Perú. Para él, la importancia del Encuentro era de crear lazos entre los indígenas de Canadá y de América del Sud. Esta conexión era también mi visión.

También me dijo estar muy contento de verme muy interesada en retomar mi identidad en mi herencia indígena, en lugar de simplemente identificarme como Peruana o Latinoamericana. Dijo que la mayoría de los latinoamericanos con quién se encontró aquí en Canadá le hablaron de su interés en encontrar sus raíces hispanas pero que no decían nada de sus posibles raíces indígenas. Sus palabras intensificaron mi compromiso a recaudar fondos para asistir al Encuentro.

Aproximadamente una semana antes del Encuentro recibimos suficientes fondos del CUPE y del Sindicato de Trabajadores del Automobil para pagar el viaje de dos personas: Laura, una jóven mujer Mohawk, y yo. Antes de ir nos reunimos con Cecilia Paiva, quién es Qhishwa de Perú. Cuando hablé con Cecilia, ella tambien me apoyó en la reveindicación de mis raíces originarias. Las palabras de Ivan y Cecilia me ayudaron a darme cuenta de la fuerza que tenía través de mi nombre.

Como Ivan, Cecilia enfatizó sobre el significado del Encuentro, especialmente para reunir a los pueblos originarios del norte y del sud. También nos advirtió que el Encuentro podría ser no muy bien organizado, ya que era el primero de este tipo. Nos dijo que si encontrábamos dificultades no había que decepcionarse, y entender que todos seguimos aprendiendo. También que, aparte de los posibles problemas, las discusiones serían llenas de sabiduría y que teníamos que recordar abrirnos a ellas. No sabía en este momento el valor que sus palabras volvieran a tener.

El primer día del Encuentro, a nuestra llegada uno de los organizadores nos paró en la puerta. Nos dijo que teníamos que llenar un formulario antes de entrar. Los formularios preguntaban nuestros nombres, así que los de nuestros padres y abuelos, nuestras afiliaciones políticas, porqué queríamos asistir al Encuentro etc. Luego de haber completado los formularios, el mismo organizador los examinó. Despues nos informó que no éramos indígenas porque no sabíamos hablar nuestros respectivos idiomas originarios, nuestros nombres eran en Inglés o Español y que físicamente no parecíamos indígenas. Concluyó que por esos motivos podíamos participar del Encuentro sin derecho a tomar palabra, podíamos escuchar pero no hablar. Esta recepción inicial fué desilusionante pero recordamos el aviso que nos dió Cecilia y decidimos guardar una actitud abierta para el resto del Encuentro.

En la semana siguiente, nos encontramos con muchas personas que no estaban compartiendo las ideas del organizador que encontramos en la puerta. Uno de ellos era un anciano curandero que nos dijo que nuestra ayuda y conocimiento tendría que ser efectivizado en el Segundo Encuentro a tener lugar en Bolivia al año. Además, insistió en incluirnos en la celebración del Inti Raymi que tuvo lugar el último día de la Conferencia.

También nos conectamos con un grupo de jóvenes de Colombia con quienes hablamos mucho sobre sus sentimientos respecto al encuentro. Nos dijeron que estaban decepcionados por algunas razones: primero por su estructura demasiado rígida, cada cosa era cuidadosamente decidida de antemano, así que no había espacio para sugerir otros temas de discusión, y segundo, porque habían tan pocos jovenes. Hablaron de la importancia de crear un espacio para los jóvenes en el Encuentro y de la importancia que los jóvenes participen en este tipo de eventos.

Esta conversación fué interesante a la luz de otra discusión que ocurrío al día siguiente en el Encuentro respecto a los jóvenes y la educación. Algunos argumentaron que la educación formal, especialmente la universitaria, no solo alejaba a los jóvenes de su comunidad y familia, si no que también los cambiaba, ya que les hacía olvidar las enseñanzas de los ancianos y abandonar sus tradiciones. Otras personas no estaban en acuerdo, argumentaron que los jóvenes tienen que ir a la universidad, porque era imperativo que aprendan cómo funcionar fuera de sus comunidades, llevar esas enseñanzas ancestrales y eventualmente ayudar a su pueblo a adquirir voz y fuerza. Remarcaron que la única manera de combatir la destrucción de sus comunidades era de entender completamente cómo y porqué están siendo destruídas. Pero otros hablaron de universidades dirigidas por indígenas en las cuales uno puede aprender sobre las tradiciones de sus comunidades, y también recibir el grado necesario para poder ayudar a retomar el poder a su pueblo. Esas universidades, dijeron otros, no eran una solución, ya que seguían operando dentro del sistema colonizador, sería imposible enseñar la concepción indígena del mundo en sus aulas.

Es esa discusión cuyos recuerdos son los más claros, que me tocó directamente como estudiante de Estudios Originarios. Como estudiante universitaria estoy aprendiendo las maneras del colonizador dentro el marco del mismo colonizador. Pero para conectar esta discusión con otra similar en Norte América, uno puede leer los escritos de un autor Chippewa, Gerald Vizenor. En su libro Manifest Mannors, habla de la necesidad para que los escritos indígenas remplacen la literatura colonialista, sino los “ Indígenas seguirán viviendo solo en la representación que el hombre blanco se hace de ellos. [3” Además enfatiza la importancia de la inserción del Ser Indígena (concepción del mundo) [4] en el Master Narrative, especialmente dentro del los estilos clásicos de periodismo, historia y autobiografia, para deconstruir, molestar, interrumpir y finalmente transformar su significado.

Enconces, insertando al Ser Indígena en algo como educación que históricamente ha sido y sigue siendo una herramienta colonial utilizada para oprimir y asimilar los pueblos indígenas del Norte como del Sud, estamos trasformando su significado. La “ Educacion formal ” puede convertirse en un espacio para descubrir nuestras Palabraflechas y reclamar nuestras historias.

Pero, para establecer este espacio tenemos que seguir hablando a través de las fronteras. Por nuestra parte, Laura y yo mantenemos contacto con las personas que hemos conocido en el Encuentro y continuamos abriendo nuevos diálogos. Juntos, seguiremos resistiendo la destrucción de nuestra memoria colectiva.

 

[1] Vizenor, Gerald. Word arrows (Minneapolis: University of Minnesota Press, 1978)

[2] McLeod Neal. Coming Home Through Stories (International Journal of Canadian Studies) Fall 1998 pp.61

[3] Blaser, Kimberly. Gerald Vizenor Writing in the Oral Tradition (University of Oklahoma Press: Norman and London. 1996) pp 73

[4] McLeod Neal. Coming Home Through Stories (International Journal of Canadian Studies) Fall 1998 pp.52

 

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Actualizado el: 10/11/2006
 
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