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Columnistas

AQUELLA MUSICA ANDINA DE SIEMPRE

Ivan Ignacio  

Talvés usted los vió alguna vez. De piel morena, de cabellera larga y negra, de mirada nostálgica, de expresión profunda, de estatura mediana, de contextura robusta y delgada. Suelen estar en todas partes del mundo acompañados de sus inseparables instrumentos musicales originarios del lugar de donde ellos vienen.

Su procedencia, la sempiterna región Andina situada en la parte centro-occidental de América del Sur conformada por zonas específicas del Ecuador, Perú y Bolivia, y en menor proporción Colombia, Argentina y Chile. En otros términos, son nativos de las milenarias civilizaciones Aymaras y del denominado imperio incaico Qhishwa.

Estos empedernidos trotamundos suelen ofrecer su arte musical allá donde se sienten confortables a fin de ganarse la posibilidad de seguir sobreviviendo, sin importarles en demasía la calidad del escenario. Lo singular de ellos radica: Primero, en el mensaje y el tipo de música que ellos hacen, Segundo, en la singularidad de los instrumentos con los que la ejecutan y, Tercero, en la versatilidad y manera de cómo lo hacen.

SU MUSICA parece constituir una parte muy importante en la vida cotidiana de ellos, esa música que más allá de una simple creación y expresión humana, parece ser mas bien una especie de aprehensión, de interpretación y vivencia de una realidad en todas sus dimensiones, sean éstas; emociones, ilusiones, esperanzas, frustraciones, éxitos, triunfos, pasiones, sueños, creencias, proyectos, perspectivas, comunicación, etc.

Definir su música solo desde el punto de vista de su espectro sonoro y su marco auditivo pareciera ser muy mezquino. Por el contrario, una conceptualización más precisa nos llevaría a definirla como a la misma energía que se produce y desarrolla del enlace entre el ser humano y la naturaleza propiamente dicha, y que se expande, se contrae, se retrotrae y se proyecta trascendiendo su alcance en el tiempo y espacio, inexorable e infinitamente.

Como fuente del lenguaje y esencia de la comunicación, su música se constituye en la propagación y prolongación de la energía universal que se manifiesta en una constante y dinámica vibración de las relaciones entre el ser humano y la naturaleza, que definen a su vez, la búsqueda incansable de un mundo en permanente equilibrio.

Esta música, de melodía simple, de armonía dulce, de ritmo variado y sin estridencias, pareciera ser la manifestación misma de la vivencia de una unidad-comunidad expresada a través del sonido y el ritmo. Tan es así que no pocos mencionan de la gran fuerza espiritual que entraña esta música, capaz de ennoblecer y enternecer el alma de los más endurecidos y metalizados corazones que tanto abundan en estos tiempos de crisis generalizada.

LOS INSTRUMENTOS ancestrales andinos como la Quenas de caña, los sikus o Zampoñas, los Rondadores, las Antaras, los Pinkillos, etc., y los contemporáneos como como los Charangos, Mandolinas, Guitarras, Violines, Arpas y Saxofones, conforman el arsenal musical de estos infatigables viajeros.

Aquellos, instrumentos de antaño, que constituyen la base de todo cuanto estos caminantes pueden hacer, poseen cada uno, singulares características y sonidos que hacen que la imaginación alcance profundidades del alma quizás aún no exploradas. Su sonoridad sin fronteras en una siempre novedosa combinación entre melodía y armonía hacen de la música una fuerza exquisita que produce inevitablemente intensos latidos y palpitaciones en el corazon de los que nadie puede estar a salvo.

Los instrumentos de percusión como los bombos, Wanqaras y Chajchas (pezuñas de ovejas y llamas), y los de armonía como los Ronrocos, Talachis, Walaychus, guitarrillas, etc. parecieran responder a la vibración de aquel primer grupo de instrumentos y producir una sabrosa amalgama de armonía y melodía.

Las voces, que no parecieran necesitar ninguna formación académica, emergen de en medio de esa mezcla, como fervientes portadores del mensaje hecho canción. Entre dolientes y candentes de júbilo, estas voces, que emiten palabras y sonidos motivados quién sabe por qué suerte de sueños o realidades, completan el cuadro sonoro de esta generosa simbiosis de humanidad y naturaleza.

Finalmente, LA MANERA DE COMO INTERPRETAN SU MUSICA estos incansables itinerantes, que pareciera constituir una circunstancia en la que es puesta en febril actividad el "ser" en su integridad, donde todos son poseídos por el movimiento en un fluido infinito casi indescriptible de muecas y gesticulaciones muy bien articuladas, y en una armoniosa coherencia entre el sonido, el ritmo y la palabra.

Esta circunstancia que constituye el momento de éxtasis de un todo acumulado y procesado casi instintivamente, no pareciera haber nunca necesitado de una estudiada formación musical ni coreográfica. En definitiva es, diríamos, prácticamente inenarrable este estado emotivo y anímico que el ser humano puede alcanzar.

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Mensaje a manera de reflexión solo para intérpretes de la música andina:

¿OBJETOS FOLKLORICOS O SUJETOS CULTURALES?

Sabemos que nuestra música es altamente valorada y apreciada en el mundo entero, principalmente en los círculos sociales de clase media de países de Europa y Norteamérica, Japón y Australia, y aún en los países llamados latinoamericanos. Y nosotros, sus intérpretes y ejecutantes, principalmente quienes somos músicos viajeros, tenemos habitualmente la suerte de ser bién acogidos, aclamados y muy bién premiados por el aplauso y las palabras de elogio de la gente que ve, escucha y aprecia nuestra música. Esto hace que casi siempre nos consideren como "dignos portadores de la cultura andina", y nos sitúa en la honorífica categoría de embajadores culturales de nuestras naciones ancestrales.

Hasta aquí todo es lindo y bonito. Sin embargo a partir de ahí para adelante no supimos darle un adecuado seguimiento a este proceso, no somos capaces de encontrar el camino que nos conduzca a madurar y consolidar esa primera percepción de la gente, para desarrollarlo y generar un cauce motivador del fortalecimiento de nuestra identidad.

Sin embargo, nuestra experiencia nos muestra que en el plano politico-cultural, e incluso en el plano ideológico-espiritual, casi siempre hemos sido insuficientemente valorados. ¿Porqué?. Lo que ocurre es que aquella primera percepción de la gente termina en la primera impresión, es decir, en la apreciación simplemente estética de nuestra música, que es también lo primero que mostramos como intérpretes y/o compositores.

Por un lado, el público se conforma con el placer que siente al escuchar y ver la interpretación de nuestra música directamente, o sea en vivo, y nosotros los músicos, en más de las veces nos conformamos con el halago pasajero, nos conformamos con frases un tanto salameras como "wonderful and lovely music!", "Quelle belle musique!", y algunos dolarcitos encima.

Y así, este circuito no cesa. No profundizamos en absoluto una relación que vaya más allá de lo estético y exótico con el público. Cuando nos dicen "dignos representantes de una cultura" no nos identifican, nos perciben, pero hay que reconocer que nosotros tampoco hacemos el esfuerzo necesario por identificarnos concientemente como tales, como sujetos pensantes, solo instintivamente, y eso de ningún modo es suficiente como para ser tomados en cuenta.

Es decir, terminamos siempre siendo objetos folklóricos . Es eso lo que hemos estado experimentando y sintiendo. No me considero un funcionario de la música, tampoco un objeto de exhibición. Donde quiera que nos ven nos conocen solo por nuestra música y punto, ignoran que también necesitamos ser reconocidos en el contexto mundial como pueblos que luchan por el reconocimiento de sus derechos.

¿Quizás las limitaciones que tenemos no nos permiten salir de ese circuito? Pero ¿Qué limitaciones?. ¿Quizás de tiempo histórico? ¿Quizás de ausencia o endebléz de orgullo por nuestra identidad?, no sé.

Pero creo firmemente que cada uno de nosotros, debemos empezar a mostrar mucho más allá de las virtudes simplemente estéticas de nuestra música.

Lo que pasa es que nuestra música no solo debería estar anclada a la estética (o técnica), sino también eslabonada a la cultura, a la historia, a la política, a la espiritualidad, a la identidad, a la ideología, etc. de nuestros pueblos a través del tiempo y el espacio, es decir a la dinamicidad de nuestra música. Mis respetos y disculpas para aquellos intérpretes y compositores de música andina que no son indígenas, pero quienes sin embargo, también deberían empezar a comprender y asumir niveles de mayor compromiso con la identidad de los pueblos originarios.

Estamos en tiempos en que hasta el alma del artista se está se está metalizando e insensibilizando cada día más, se está convirtiendo en simple objeto folkórico, en pura mercancía, en un acápite más del neoliberalismo insensible. Es necesario hacer rebrotar y resituar la colina emotiva del artista en el lugar que le corresponde, recuperar la autoestima y el respeto a nuestro propio esfuerzo y ofrendar toda nuestra fuente de creatividad a las más sagradas y veneradas divinidades supremas a fin de gobernar cada uno de nuestros actos con alma de artistas, no basta con solo tener un buen criterio empresarial.

De objetos folklóricos debemos pasar a ser sujetos culturales . Para esto, los músicos, artistas, etc. deberíamos empezar a involucrarnos más en la realidad de nuestros pueblos. Con nuestra música y a través de ella, debemos mostrar todos nuestros valores éticos, espirituales, culturales, morales, etc. debidamente correspondidos por nuestro cotidiano comportamiento. Este mensaje, no pretende ser nada más que una modesta reflexión y consentida autocrítica ante mis hermano(a)s intérpretes, ejecutantes y compositores de música andina.

Ivan Ignacio

Grupo AYNI.

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Solo para intérpretes, ejecutantes y compositors de música andina residentes en Canadá

ES TIEMPO DEL RITUAL DE AGRADECIMIENTO A NUESTRA MUSICA

Siempre hemos estado expresándonos mediante nuestra música heredada de nuestro pasado ancestral y de nuestros apreciados abuelos y abuelas. Música que asimismo la fuimos creando y recreando incesantemente en interminables tejidos sonoros de sincronía y sinfonía pentatónica y heptatónica, muy bién amalgamadas con la dulzura de las voces y el parsimonioso movimiento expresado en el cadencioso baile inconfundiblemente inspirado en la naturaleza.

Nuestra immutable imagen de infatigables guerreros de la música estampada a una tradición milenaria se pasea inerme por todos los confines de la tierra. Empedernidos trotamundos que desafían al tiempo y las viscisitudes de la vida metropolitana para conquistar el mundo a través de la música. Buscadores incansables de nuevas maneras de armonizar la melodía del cotidiano vivir.

Estamos convencidos que el retumbar y tañir guerrero de nuestras wanqaras (bombos), el grito y vibrar de nuestras legendarias antaras, sikus, pinquillos, kenas y moceños, el tremolar infatigable de nuestros inseparables charangos y la lealtad señorial de nuestras guitarras, mandolinas, arpas y violines, hicieron vivir momentos de indescriptible emoción a mucha gente, hizo palpitar aceleradamente sus corazones y cosecharon sensaciones insospechadas y quizás nunca exploradas en el alma.

No pocos quedaron sumergidos en un incontenible valle de lágrimas, tan cristalinas como la semilla que las produjo. Nosotros, simplemente somos sus intérpretes, mejor dicho, los ejecutantes de esta milenaria forma de expresión a través del sonido. Y esta condición privilegiada nos imbrica a un compromiso con ella, nuestra sagrada música andina. Y así como tenemos que dar gracias a la madre biológica y a la madre naturaleza por habernos dado la vida y la existencia, no podríamos ignorar el gesto que le debemos a esta música que también nos hizo y hace vivir momentos de indescriptible carga emotiva.

Algunos nacimos en este cordón andino, otros, sin ser de los nuestros, alcanzaron a comprender y asimilaron la fuerza y magia que nuestra música conlleva por su inagotable capacidad de enternecer los más endurecidos corazones.

Y en este interminable cruce de idas y venidas, nosotros quizás poco hicimos, o no tuvimos el suficiente tiempo para que nuestro mensaje musical se trasunte en palabra de fuerza viva eslabonada al clamor de nuestras naciones hoy por hoy clandestinas.

Hermanas y hermanos, somos fuente inagotable de creatividad, de entusiasmo y de ternura, en tanto y cuanto no rompamos los lazos con nuestra historia e identidad, es decir con nuestra autoestima bañada de primigenia transparencia. Es tiempo de recuperar memorias, de desempolvar recuerdos, y de trenzar esperanzas y proyectos, de pensar las sensaciones vívidas y vividas.

Es tiempo de poner los bolsillos a la altura de nuestros ideales y nuestras acciones a la altura de nuestras creencias. Es tiempo del ritual de agradecimiento a esta niña de nuestros oídos, a esta nuestra quizás inconcientemente no venerada música. Preguntémonos: ¿Alguna vez celebramos un ritual de agradecimiento a la misma? ¿A los instrumentos musicales, que sin ellos no es possible ejecutarla? ¿Hasta el simple hecho de que gracias a ésta podemos comer y sobrevivir en este desgraciado sistema?.

Nuestros hermanos y tíos en Montreal, Canadá del Consejo Andino de Naciones Originarias (CANO), están organizando la primera e histórica Marcha de Sikuris y Wiphalas con el propósito de generar conciencia y sensibilizar a la población canadiense y latina de que los pueblos originarios estamos luchando por nuestras legítimas aspiraciones de autodeterminación, por el reconocimiento de nuestros derechos fundamentales y ser tomados en cuenta en el concierto mundial como naciones con cultura e identidad propias. Marcha histórica que asimismo se propone celebrar el Año Nuevo Andino Nº 5510, saludar el Año Internacional de las Sagradas Montañas y finalizar la Década Internacional de los Pueblos Indígenas, el 16 de junio del 2002.

Nuestro(a)s hermano(a)s agrupado(a)s en la Asociación Internacional de Músicos Andinos (AIMA) gracias al mundo virtual están organizando en Génova, Italia, la "Jajt'asiña Irampi Arkampi" de 200 sikuris para el 12 de octubre del 2002. Es tiempo de ponernos a la par con nuestra autoestima.

Creo que es prácticamente imposible ignorar estos eventos de nivel internacional, es prácticamente difícil desmarcarnos de este proceso, quizás algunos de nosotros todavía estamos muy jóvenes y no nos damos cuenta de la magnitud histórica de este evento, pero valdrá la pena hacer un esfuerzo para poner nuestras manos al pecho, por lo menos cerca de él, así como lo hacemos institntivamente cuando tocamos la quena, o el charango, o las antaras (sikus, zampoñas, rondadores), las ponemos muy cerca del pecho ¿Si o no?.

Nuestro(a)s tío(a)s y nuestro(a)s hermanas mayores hoy nos llaman y convocan, pero nuestros abuelos y abuelas nos lo exigen! ¿Qué podemos hacer? ¿Qué debemos hacer?. Hemos trabajado tanto por la llamada "solidaridad", pero casi siempre nos han tratado como a objetos y hoy nuestros hermano(a)s y tio(a)s nos invitan para empezar a ser sujetos, para celebrar una sencilla pero significativa ceremonia de agradecimiento a nuestros inseparables instrumentos y a nuestra música, entonces ¿Qué podemos hacer? ¿Qué debemos hacer? ¿Cómo debemos responder? Es la palabra de uno más de los que están haciendo la manga en las calles y parques o festivales de los países lejanos agraciados por el dinero...

Ivan Ignacio

Grupo AYNI

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Actualizado el: 10/11/2006
 
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