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   La colonización espiritual en las naciones originarias

 

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Durante el último siglo, sutilmente se ha estado eludiendo la cuestión de la espiritualidad en los pueblos originarios y su relación con la influencia que la Iglesia y todas las sectas religiosas han estado ejerciendo sobre nuestras comunidades.

En la Biblia, que los colonizadores trajeron desde occidente, traían todo su arsenal ideológico-religioso para proceder a la ocupación del alma de los originarios inculcándonos de modo vertical la fe cristiana, tratando de convencernos de que el mundo está gobernado por un solo Dios y una sola religión monoteísta. Posteriormente aparecieron como tentáculos diferentes tendencias o sectas, las que nos han presentado a sus respectivos profetas y salvadores de la humanidad, pero una salvación en la vida celestial y no en la vida terrenal.

Según ellos, en la tierra solo teníamos que orar, rezar, perdonar, asistir a misa, bautizar a nuestros hijos de muy niños aunque ellos no sepan lo que es eso, escuchar y cumplir ciegamente la palabra de los escogidos de Dios, curas, misioneros y predicadores, y esperar la muerte que nos llevaría al paraiso si nos comíamos la Biblia o al infierno si no era así. Extendieron su tarea “evangelizadora” por casi todos los rincones de nuestros territorios, dividiéndonos, domesticándonos, confundiéndonos y haciéndonos sumisos.

Pero no pasaron más que 4 siglos para que nuestros pueblos originarios empezaran a darse cuenta de que la colonización más devastadora era aquella que minaba nuestro espíritu, nuestro interior, nuestras creencias y nuestras almas. Entonces la Iglesia, en todas sus versiones, y las sectas religiosas, se escandalizaron y buscaron la mejor manera de impedir la inevitable emancipación espiritual originaria. Pero los pueblos originarios fueron manteniendo, retomando y reforzando sus mitos, creencias y profecías.

A partir de ahí, y más aún, durante los últimos tiempos, al ver la imposibilidad de hacer desaparecer nuestros rituales y ceremonias ancestrales, estas instituciones religiosas han tratado de revertir la torta empezando a aceptar nuestras prácticas sagradas que en los tiempos de la Santa Inquisición ellos denominaban herejías y barbarismos, propalando inclusive la idea de que los “indios” no teníamos alma.

El Papa Juan Pablo II, a fines del siglo pasado, ha pedido perdón a los pueblos originarios por la forma de cómo sus antepasados de Orden han procedido a la imposición de sus doctrinas. Se ha estado constantemente haciendo referencia a nuestra religiosidad ancestral adulando su valor y su sentido, pero que ella tendría su esencia en el mismo Dios que supuestamente es de todos, tal cual lo diría la Biblia. De ahí que aceptaron y promovieron la celebración de nuestros rituales en forma paralela a los suyos. A este proceso ellos, principalmente la Iglesia Católica, lo han llamado Sincretismo religioso, tratando de autoconvencerse y convencernos de que es posible la práctica simultánea de dos o más religiones.

En la memoria de nuestros abuelos aún quedaron algunos recuerdos que se han ido transmitiendo de generación en generación y que de modo instintivo, aún se vienen practicando. Entre estas prácticas quedan por ejemplo aquella piedra de mediano tamaño que a cada año, cada uno de nosotros llevamos a la cima de nuestras montañas para luego venerarlas quién sabe porqué razones. Habitualmente juntamos estas piedras al lado de las capillas blancas de cruz occidental.

Dicen nuestros abuelos que esa práctica resiste a la destrucción de nuestros sagrados templos de piedra que en tiempos milenarios fueron nuestros centros ceremoniales y que cuando la Cruz y la Biblia llegaron junto a los colonizadores, hicieron destruir por la fuerza con nuestros propios antepasados, y que por eso se cree que las piedras que llevamos cada año, es para no olvidar, sino para recordar que un día volveremos a reconstruir con ellas nuestros templos y centros ceremoniales.

Estas religiones, concretamente la Iglesia Católica, pese al pedido de perdón por parte del denominado Santo Padre, no han dejado de continuar evangelizando, esta vez en una indisimulable complicidad con el sistema de dominación capitalista y los Estados nacionales que, apoyados de millonarias inversiones en todo el planeta, hicieron de ella Religión Oficial, para continuar imponiendo su política de adoctrinamiento y conversión de los integrantes de las comunidades y naciones originarias.

Hoy, nuestra religión originaria aún está oculta y clandestina, pero en proceso inevitable de rebrote y rescate de nuestros valores morales y espirituales que hacen parte de nuestra identidad cultural. Es la religión, como el territorio, la lengua, la cosmovisión, el sistema de organización social, económico, político, cultural, etc. un elemento fundamental que nos permite considerarnos Nación.

De estos elementos, que durante milenios hemos sido dueños, fuimos despojados durante los últimos 5 siglos. A cambio de ello fuimos sometidos al genocidio y etnocidio, o sencillamenete a un secular proceso de asimilación del que ahora con fuerza incontenible del Pachakuti (tiempo del retorno al mundo en armonía y equilibrio) vamos saliendo. Se dice que quién pretende imponer por la fuerza termina cayendo por su propio peso, creemos que la caída ya está en marcha, la decadencia de la Iglesia Católica en nuestras comunidades es evidente.

¡¡¡ Jallalla !!!

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Actualizado el: 10/11/2006
 
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