RECORDANDO LA MUERTE DEL INCA ATAWALLPA
Por: Ivan Ignacio 
El 29 de Agosto de 1533 en la localidad de Cajamarca, situada en la parte nor-central del Perú, era asesinado cruelmente el Inca Atawallpa, el soberano indígena del legendario imperio de los Incas, Tawantinsuyu, quién fué encontrado por el ejército español invasor, enfrentado a su hermano Waskar por el poder del imperio.
Víctima de una vil traición, Atawallpa cae en manos de los forajidos españoles quienes encabezados por Francisco Pizarro y Diego de Almagro, luego de apresarlo prometen liberarlo a cambio de una inmensa cantidad de metales preciosos como el oro. La trama consistía en exigir al Inca a ordenar a su gente a recolectar oro y objetos preciosos en una cantidad que debía llenar dos cuartos de aproximadamente 50 metros cuadrados de superficie y a una altura precisa de hasta donde sus brazos y manos extendidas y levantadas hacia arriba alcancen.
Trato hecho, el Inca fiel a su promesa procedió a ordenar a sus huestes a recolectar la preciada recompensa. En menos de 60 días hacía entrega oficial de la fortuna con la certeza de que a cambio de ello lograría su ansiada libertad. Sin embargo la respuesta no fué otra que la de su muerte. Una ejecución no anunciada que ya estaba decidida desde el mismo momento de su captura. Ruin, cobarde e infame actitud de los invasores que contrastaba con la lealtad, dignidad y nobleza de la comunidad indígena que finalmente día a día supo comprender que los tratos con gente de bajos valores morales no eran lo más aconsejable.
Hoy, después de 469 años, casi se ha olvidado este hecho, los gobiernos de las repúblicas y los Estados Nacionales criollos ignoran deliberadamente estos acontecimientos. Los programas de educación básica, secundaria y superior no incluyen en sus contenidos temáticos este tema como parte de la historia contemporánea nacional, y menos proponen un minucioso análisis crítico de estos procesos históricos.
Hoy queremos recordar estos actos de lesa humanidad y de lesa cultura como base de reflexión para proyectar nuestro presente y futuro, y reivindicar los mismos como ejemplo de valentía y nobleza de nuestros antepasados y que no deberían quedar en el cajón de los recuerdos ni en el rincón del olvido. Estamos en tiempos de la recuperación de la memoria colectiva, en la era del Pachakuti, tiempo en el que nuestra historia está empezando a ser escrita por nosotros mismos.
Abya-Yala Marka, Agosto 29 de 2002
¡¡¡ JALLALLA PUSINSUYU MARKA !!!
¡¡¡ KAUSACHUN TAWANTINSUYU LLAJTA !!!
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